Almodóvar igual ya se venía oliendo algo, porque hay algunas cosas

que se ven desde lejos, que las nota todo el mundo... ¡Que cantan,vaya!.

Pero es que esas cosas cuando se ven bien es cuando estás a un poquito de

distancia.

La distancia que pusimos entre Almodóvar y nosotros, por ejemplo. En

cambio, a la distancia a la que estamos tú y yo, compi de piso.

"¡A esa distancia no se ve ná!".

Rizar el rizo. Y es que cuando parece que el mundo actual lucha por la igualdad y aceptación de “algo”, siempre hay otro algo distinto, o una vuelta de tuerca de ese mismo “algo” que ni siquiera ha empezado a avanzar ni pedir espacio. Almodóvar no puede saber lo nuestro, no es lo que parece, ni siquiera lo que el espectador cree que va a ver una vez comenzada la función.

 

Un texto casi entregado por capítulos en forma de escenas, donde se van desvelando detalles que no se podían ni imaginar minutos antes. Aquí nada es lo que parece, aunque si te fijas bien, si que lo parece.

 

Un texto repleto de comedia que roza lo absurdo en un buen número de ocasiones, de esa en la que uno piensa “¿acaca de decir lo que yo creo que ha dicho?” - Si, lo ha dicho. Y otro tipo de comedia donde uno se apiada y llega a sentir pudor, por el desconocimiento y descaro de “La Fali”, mientras que el otro cincuenta por ciento de la parece intenta … Edu, intenta no volverse loco, con una comprensión que roza lo divino.

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